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1997

conferencia

EVOLUCIÓN ¿DE DÓNDE VENIMOS?.

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Jose A. Díaz, Facultad de Biología, U.C.M. Noviembre 1997
 
Conferencia dictada por el Dr. José A. Díaz, profesor del Departamento de Biología Animal I (Unidad Docente de Vertebrados, Facultad de Biología) de la U.C.M., dentro del Aula Crítica de Otoño de la Asociación Cultural Charles Peguy (curso 1997-98). Consideramos que ofrece un juicio cultural novedoso acerca de la evolución biológica.
 
La evolución de las especies es el tema más apasionante de todos para un profesional de la biología. En efecto, se ha dicho que nada en biología tiene sentido si no es a la luz de la evolución. Pero además, la evolución es un tema popular, un tema que interesa a todo el mundo. ¿Por qué? Porque tiene que ver con nuestro origen y con el significado de nuestra existencia. A lo largo de esta disertación, por ejemplo, se menciona un yacimiento de invertebrados fósiles conocido como Burgess Shale que tiene unos 570 millones de años de antigüedad y que se localiza en las Montañas Rocosas del Suroeste de Canadá. Si digo que este yacimiento aporta datos decisivos sobre el origen y diversificación de los grandes tipos de organización del Reino Animal, es probable que lo primero que se piense es que se trata de una cuestión técnica que interesa sólo a los biólogos. Si, en cambio, digo que un pequeño fósil llamado Pikaia y encontrado en ese yacimiento tiene que ver con el hecho de que nosotros estemos aquí ahora ante esta pantalla, seguro que la actitud del lector cambia. Me ha llamado la atención el hecho de que muchos libros divulgativos sobre evolución comienzan aludiendo a estas preguntas últimas profundamente arraigadas en el corazón de cada hombre. Monod, por ejemplo, en el primer párrafo de su famosa obra sobre "El azar y la necesidad" afirma que "la ambición última de la ciencia entera es fundamentalmente dilucidar la relación del hombre con el universo", y que "a la biología le corresponde un lugar central, por ser la disciplina que intenta ir más directamente al centro de los problemas que se deben haber resuelto antes de poder proponer el de la «naturaleza humana»". Otro de los libros comienza con una cita ni más ni menos que de Ezequiel: "... y pondré sobre vosotros nervios, y os cubriré de carne, y extenderé sobre vosotros piel, y os infundiré espíritu, y viviréis...". Otro, por fin titula su primer capítulo "¿Por qué existe la gente?".
 
Es evidente que el deseo de responder a estas preguntas forma parte de la estructura original del "corazón" humano. Ahora bien, y esta es una precisión importantísima, lo que caracteriza a la ciencia es el método de la respuesta. En vez de buscar una respuesta general, la ciencia responde a preguntas más limitadas; en vez de preguntarse quiénes somos o por qué existimos, se pregunta por qué nuestro esqueleto se parece más al de un chimpancé que al de un besugo. Los enunciados científicos, para poder ser tales, deben estar sujetos a confrontación con la experiencia física, "medible"; el tipo de certeza que la ciencia pretende no deja ningún espacio a la libertad de decidir entre el "sí" o el "no" de las explicaciones que propone. El método científico tiene ventajas indiscutibles: por su naturaleza analítica, es capaz de pasar de lo simple a lo complejo, construyendo teorías que experimentan un continuo progreso. Pero, junto a las ventajas, aparecen también inconvenientes. En primer lugar, la especialización es un resultado inevitable del carácter parcial del método empleado: emerge un cuerpo de conocimientos que son como islas en el océano. Y, dado que en el fondo del ímpetu de conocer late siempre un deseo de unidad, esta fragmentación no satisface. En segundo lugar, el deseo de responder a las grandes preguntas no abandona nunca al sujeto humano. En consecuencia, el científico tiende inevitablemente a dar respuestas globales. Pero al hacerlo, reduce la amplitud de las preguntas originales, por fuerza del método usado, a la vez que "traiciona" dicho método. El peligro está en que tanto el científico como su audiencia tienden a olvidar la parcialidad intrínseca del método empleado, con lo que la respuesta deja de ser científica y se convierte en ideológica. De hecho, las citas textuales que acabo de leer introducen, ya desde el principio, una sombra de duda no tanto sobre la posición humana de sus autores como fundamentalmente sobre el carácter científico de sus argumentos.
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